Un día en Saltamontes


Llegada al bosquete y saludo

El otrora solitario bosquete, pequeño y acogedor retazo del monte que nos reclama más arriba, empieza  a bullir de actividad hacia las diez menos cuarto. Los niños van llegando acompañados de algún padre, madre, abuelo, hermano o incluso mascota y después de una cariñosa despedida se quedan con las educadoras para un día más, disfrutar del juego al aire libre. Los niños se cuentan las aventuras del día anterior, los sueños que han tenido durante la noche..., atropellándose al inicio y respetando los turnos de palabra después, una vez recuperada la calma tras el barullo de la llegada. Cuando ya todos han podido manifestar lo que deseaban, parten al primer escenario de juego del día, que suele ser el lago.

Juego libre en el lago




Antes de subir al monte, les gusta pasar por este arenero natural que por su microtopografía se llena de agua cuando llueve, de barro cuando va escampando y de arena cuando luce el sol inclemente de estas tierras. Lugar versátil como pocos, es adorado por los niños y pasan largos ratos como ingenieros de caminos, canales y puertos… o como chefs; juegan a policías y ladrones o a cazadores de la prehistoria.  En el fondo, de lo que se trata es embarrarse hasta las cejas. Menos mal que van equipados y pueden disfrutar sin la incomodidad de la humedad y el frío.

Camino de las praderas


Después del lago suben a las praderas, corazón del territorio Saltamontes. Por el camino aparecen tentaciones de todo tipo, como las tirolinas o los toboganes, otro de sus lugares favoritos. Alli se detienen a deslizarse por los terraplenes, a esconderse entre los arbustos y a construir con las ramas y piedras que por allí encuentren. Con un poco de suerte hace frío y podrán picar el hielo de los charcos o ver al huidizo conejo que vive junto a la higuera… Para aligerar la subida suelen hacer un tren que recibe diferentes denominaciones según quien lidere la propuesta. Otra estación en la que suele parar este tren es el dinosaurio o el caballo, formación rocosa que no requiere más explicación.  Finalmente, sorteando las jaras que invaden la trocha, alcanzan la primera de las tres praderas donde pasarán el resto de la mañana.

Tentempié


Según se presente el día, se elige un lugar al sol o a la sombra para extender la manta y allí se sientan todos en círculo, cada uno con su comida. Se distribuye la bebida y los niños se enfrascan en arduas negociaciones sobre qué, cuánto, cómo y con quién compartir sus preciados desayunos, de tal manera que es raro que coman sólo de lo suyo. En ese rato de tranquilidad suelen surgir conversaciones, comentarios, reflexiones y fantasías de lo más variopinto. Poco a poco se van levantando a medida que van terminando, mientras los más rezagados se quedan saboreando sus viandas.

Juego libre en las praderas








Tras el desayuno, los niños permanecen en alguna de las praderas, que ofrecen todo tipo de lugares y retos de su interés: encinas y pinos jóvenes para trepar, jaras y enebros para esconderse, rocas para trepar, piedras para sentarse, barro para modelar, ramas para construir… Los niños se dispersan aleatoriamente, a veces todos juntos, a veces cada uno a lo suyo, y se dedican con plena concentración a lo que en ese momento les interesa. De vez en cuando toca negociar por la posesión de un palo (en sus ojos, cualquier otra cosa y bastante más preciada) o por el juego que desean desarrollar y los roles que se han de repartir…Algún niño puede desear retirarse del grupo para jugar en solitario, descansar o, simplemente, estar consigo mismo. A otro le apetece explorar el suelo y sus habitantes,  colgarse de un árbol o disfrutar de las vistas. O retarse a sí mismo con algún desafío rocoso o arbóreo. Otro a lo mejor hace una escapada al baño… En fin, ahí están las acompañantes, “el ojo que todo lo ve”, para velar por su seguridad, tranquilidad y confianza; observando cómo se relacionan, contribuyendo a la resolución pacífica de conflictos y dificultades y para darles un achuchón cuando la situación lo requiera.

Bajada al bosquete, cuento y recogida


Al son de la ocarina, van terminando el juego y recogiendo las mochilas. Desde las praderas bajan como una exhalación hacia el bosquete, pues allí les aguarda el momento cumbre del día: el cuento. En la intimidad del bosquete, arrebujados en los bancos de madera, se recogen las impresiones del día y, finalizadas las deliberaciones, se produce ese silencio sagrado que precede al cuento. Un rato después, con una historia más en su haber, salen del bosquete en tropel en busca de sus familias, que les reciben con los brazos abiertos y con una cierta envidia sana.


4 comentarios:

  1. Qué gusto de día!!!!
    Me encanta vuestro proyecto. Estoy muy interesada en conocer alternativas a la educación típica y estoy descubriendo auténticas preciosidades.
    Xavi, ayer coincidí con Tamara en un curso y ya le dije que intentaré ir a visitaros.
    Un saludo y enhorabuena. Os deseo mucha suerte.

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  2. Proyecto Saltamontes, Gracias por compartir vuestras experiencias, y sabiduria!!! Desde Chile estoy estudiando vuestro hermoso e inspirador proyecto.
    Paulina

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  3. Muchas gracias por compartir este proyecto tan maravilloso. Acabo de terminar la carrera de maestra en educacion infantil y me encantaria poder participar en un proyecto como este. Me podeis decir si se necesita otro tipo de formacion para poder disfrutar de una experiencia como esta . Un saludo.

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  4. Que proyecto tan bonito!!! Me quedo prendada con vosotros!!

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